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jueves, 13 de abril de 2017
viernes, 24 de marzo de 2017
jueves, 16 de marzo de 2017
Soy responsable del mundo que veo. Héctor D'Alessandro
Somos responsables del mundo que
vemos
Soy responsable de lo que veo.
Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero
alcanzar.
Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede
tal como lo pedí.
En 1999 toqué fondo; el mundo que vivía era insoportable,
aunque intelectualmente podía intentar (sólo intentar) convencerme de que todo
era una realidad creada por la percepción y que el conjunto de los datos de la
experiencia no eran otra cosa que la resultante de un acuerdo entre mi aparato
psíquico y el de mis contemporáneos para mantener la realidad en su sitio,
internamente estaba destrozado, los días que no deseaba realmente morir, los
pasaba tumbado en la cama o en el sofá con la cabeza dando vueltas sin sentido
hasta llegar a desesperarme. Al rato, este estado cedía su lugar a una ligera
renovación de la energía que me motivaba lo suficiente como para salir a la
calle e ir en busca de la compañía de mis amigos o socios de siempre y pasar la
tarde juntos, a veces dándole vueltas al mismo asunto. En otras ocasiones la
desesperación era tal que empezaba a alimentar en mi cerebro un discurso según
el cual tenía que cambiar de vida y circunstancias una vez más en mi vida: todo
se lo atribuía al entorno. Ambiente que ya había cambiado hacia siete años,
yéndome de Uruguay, mi país natal, a vivir a Barcelona, en España, donde sentía
que había algunas claves que pudieran sacarme de mi mundo alternativamente
anodino o dramático. Cuando daba paso a una cierta serenidad, comenzaba a
reflexionar y tomaba conciencia de que no era el ambiente, lo mismo que tampoco
eran los otros, los causantes de mis males, sino que había algo dentro de mí
que debía ser cambiado y que el único responsable, que podía emprender aquella
tarea, era yo mismo; pero no sabía qué hacer, a dónde ir para encontrar las
herramientas que me resultaran necesarias en tal tarea ni tampoco conocía a qué
maestros, a cuáles profesionales dirigirme. Mientras todo esto sucedía, me
informaba; si de algo jamás estuve ayuno, fue de información, libros y libros
caían por docenas cada mes abatidos por mis implacables lecturas. Pero no eran
los datos los que me podían calmar, eso ya lo sabía yo, y tampoco el tipo de
teoría que utilizara para mejorarme, porque ya había hecho varios años de
trabajo terapéutico personal y había comenzado a trabajar como facilitador. Sin
embargo, algo me faltaba, la capacidad de conectarme a mí mismo de un modo
estable y sobrevivir, aunque más no fuera, a las oleadas y ventarrones de un
cataclismo emocional que año tras año caía en temporada y fuera de ella, sobre
mi vulnerable y al mismo tiempo indómita persona.
Pero aquel año fue decisivo, cumplía treinta y seis años, la
edad a la que había muerto mi único hermano, de un cáncer bastante agresivo, y
el miedo a la muerte me mostraba en los escenarios de mi mente toda la
parafernalia de efectos especiales con que solemos aterrarnos a nosotros
mismos.
Aquel año comencé a tomar sesiones de “rebirthing” en
Barcelona con una gran maestra y también me anoté en una formación en Madrid
con el maestro que definitivamente me ayudaría a cambiar la totalidad de mi
vida. Siempre estaré agradecido a aquel encuentro. Pasé mi cumpleaños en un
taller en el hotel de Sants con Bob Mandel, creía que aquel lugar y mi opción
por estar allí y hacer algo diferente en esa fecha, tal como hacerse a sí mismo
un regalo de crecimiento y desarrollo personal, era lo mejor que podía hacer
para mantenerme de este lado de la vida.
Comencé, en ese entonces, a prepararme como “renacedor”; la primera
técnica con la que pude gozar de toda la profundidad de sus beneficios, debido
quizás a que ya había recorrido un buen tiempo por otros andariveles:
vipassana, meditación trascendental, análisis transaccional, recuperación del
niño interior, osteopatía, práctica del tai chi, programación neurolingüística,
antigimnasia. Muchas veces confundimos la última técnica practicada con la
mejor; no es así, todo lo anterior nos ha estado preparando para este salto
cuántico de incomparable eficacia y profundidad.
En el curso de rebirthing, Adolfo Domínguez, un maestro con
una capacidad inaudita para activar todo lo que estaba aún dormido en ti, no
parábamos de leer continuamente “Un Curso de Milagros”. Nuestra práctica no era
de lectura pasiva ni de comentarios, evidentemente; era una preparación
neurofisiológica en grupo para recibir la información del curso, a veces bajo
la forma de una sola frase durante una hora de trabajo, pero esa única frase
producía al entrar directamente en el fondo de nuestro ser y de nuestra experiencia
personal con la fuerza de un sismo, un impacto lo suficientemente fuerte como para conmover
los cimientos de nuestra existencia.
Esta frase: “Somos responsables de lo que vemos”, “Soy
responsable de lo que veo”, repetida a lo largo del curso de muy diferentes maneras,
es probablemente parte de “lo poco que
se te pide que aprendas en este curso” y como el mismo curso de milagros dice:
“es tan simple que es imposible que no se entienda perfectamente”. “Es lo único
que tienes que hacer para que se te conceda la visión, la felicidad, la
liberación del dolor y el escape del pecado. Di únicamente esto, pero dilo de
todo corazón y sin reservas, pues en ello radica el poder de la salvación”:
Soy responsable de lo que veo.
Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero
alcanzar.
Y todo lo que parece sucederme, yo mismo lo he pedido, y se me concede
tal como lo pedí.
Ahora me quedaba claro, luego de trabajar y trabajar durante
años con el propósito de descubrir cómo se hace para cambiar el corazón de los
seres humanos, cómo se hace para propiciar el cambio que todas las personas
dicen desear (aunque luego acaban demostrando que no están dispuestas a trabajar para lograrlo), cómo se
hace para que, en medio del torbellino de los problemas inherentes a la
experiencia humana, se pueda mantener la paz y manejar esos mismos asuntos con
solvencia, elegancia, sobriedad y eficacia.
Aquello de que, cuando el alumno está preparado, el maestro
aparece, se me mostraba, por primera vez en mi vida, como una realidad
incontestable; no se trataba de una idea, no era una imaginación dentro de mi
cabeza a la cual pudiera recurrir para expresar una frase interesante en medio de
una conversación social y vacía. Era una emoción al mismo tiempo envolvente y
agitada y también, aunque parezca paradójico, pacífica; podía incluso jugar a pasar por mi mente una vez
más toda la película de mi pasado y no ceder a la costumbre de llorar y
lamentarme o llegar a odiarme a mí mismo por cosas que aún seguía demandando una parte de mi ser a otra parte, herida, de mi ser.
Soy responsable de lo que veo, soy responsable de lo que veo,
soy responsable de lo que veo, repetía sintiéndome cada vez más y más feliz.
Claro, evidente, pero como no me di cuenta antes. No se trata de que yo
construya esas percepciones, y estas, de un modo mágico, me atrapen a mí mismo
y me mantengan encarcelado en una suerte de mentalidad o ideología personal
nefasta. Yo soy el responsable del mundo que veo. Tengo la capacidad de hacerme
responsable, de volver a tomar el mando de mi vida que, durante años, dejé
librado al acaso de lo que mi mente aquella mañana luminosa o aquella triste noche
quisiera determinar para mí. Recuerdo que en mi gráfico lenguaje escatológico,
cuando el maestro nos preguntó qué cambios notábamos en nosotros mismos,
declaré: he descubierto algo que es al mismo tiempo doloroso y muy poderoso:
ahora cada vez que vea mierda en mi vida, ya no podré decir esta mierda no es
mía. Había salido al fin de la inocencia psicológica, esa irresponsabilidad
total de un mundo con víctimas y victimarios donde las primeras son buenas y
las segundas son malas, sin matices. Aunque intelectualmente había comprendido
esto desde hacía muchos años, ahora era una experiencia en mí, era una
experiencia resultante de muchos miles de horas de práctica continuada de
centrar mi mente y ahora la había acabado de centrar con unos contenidos que
eran lo más adecuados para mí.
Volví a entrar en diferentes experiencias consideradas por
mí como negativas en mi vida pasada y decidí ver en qué modo yo era responsable
de la creación, no del evento, sino de la percepción de aquel evento. Comprendí
algo que se me hacía hasta entonces extraño: cómo, en el año 1985, cuando yo
aún vivía en el Uruguay, al salir de la cárcel, los presos políticos, menos
airados que los parientes que los aguardaban afuera, podían estrechar la mano
de aquellas personas que los habían torturado durante trece años y decirles
“sin rencor”, mientras se daban mutuamente una palmada de reconocimiento mutua
sobre el hombro. El odio y la indignación, sin embargo, parecían acrecentados
en todos aquellos que no habían sufrido aquellos destinos tan difíciles, todos
los que estábamos fuera. Se sumaba para todos los que no habían sido castigados
directamente por la dictadura, la culpa por no haber sido castigados. He
constatado luego que muchos hijos de detenidos y de torturadores heredaron esa
culpa y acabaron suicidándose. El dolor, igual que el amor, atraviesa las
fronteras mentales que los humanos podamos interponer.
Luego la justicia tendría muchas dificultades y presiones
deshonestas a la hora de castigar a aquellos que violaron, aprovechándose de la
impunidad que les proveía un estado de raíces totalitarias; en la mayor parte
de los casos fue bloqueada para que no interviniera. Esta dimensión reparatoria
sigue abierta como una herida y la sociedad, algún día, verá cumplirse sus resultados. Lo
que me interesa en este artículo es la dimensión humana, personal; cómo esas
personas que tanto sufrieron, pudieron superarse a sí mismas y conducir su
cerebro y sus capacidades a un lugar de paz y de eficacia, decidiendo continuar
con la tarea de cada día y darse el permiso para hacerse responsable de lo que
veían. Una vez más, acudió en su ayuda la dimensión de los valores superiores.
Algunos decidieron verse en un contexto en el cual todos fueron responsables o
co-creadores de una realidad compartida, aunque esta fuera de conflicto.
Decidieron verse como participantes convencidos de que ciertos valores eran
superiores y que por ellos valía la pena luchar y dar la vida incluso.
Ampliaron su campo de percepción.
Para mí, aún en la lejanía, era importante comprende todo
eso que había sucedido, para comprenderme a mí mismo; todos pertenecemos a un
sistema, queramos o no, todos somos miembros de la filiación.
En la filiación no puedo enajenarme y decidir que lo que veo
sea diferente de lo que pedí. Cuando miro a las hormigas con el telescopio, no
puedo pedirle a este instrumento que me permita ver como lo haría con un
microscopio. No puedo recriminar a la naturaleza de las hormigas porque no las
veo como yo deseo hacerlo.
Yo soy responsable entonces de no enojarme con el banco por
un préstamo impagable que yo mismo pedí haciendo oídos sordos a lo que mi
conciencia me decía sobre que no podría pagar. Puedo, en cambio, analizar el
sistema de decisión interno que me llevó a tomar esa decisión, para no volver a
caer en la misma trampa; las empresas trabajan día y noche en el análisis de
las posibilidades que ofrece nuestro infantilismo para mantenernos atrapados en
una red eterna de endeudamiento. Pero yo puedo decidir no entrar en ese juego.
No puedo enojarme conmigo mismo, no es agradable hacerlo,
por haberme comprado una prenda de ropa carísima y quejarme por su corta
duración; esto ya me ha pasado otras veces y sé que eso va a volver a suceder. No
puedo iniciar un movimiento de protesta armado y desear que las fuerzas de
seguridad del estado me traten con delicadeza, ya sé a qué me estoy
arriesgando, y me hago responsable de mis resultados. No puedo casarme cinco
veces y decir que cada uno de los divorcios fue un fracaso y que no encuentro
al amor de mi vida; eso es infantil por completo, algo de bueno tiene que haber
sucedido en cada una de esas relaciones, debo hacerme responsable de mis malos
resultados y de mis buenos resultados, si descarto los primeros estoy
descartando los segundos, estoy lanzando al bebé por el desagüe junto con el
agua de la tina. El niño interior herido que llevo dentro tiene la peculiaridad
de que hace, de un problema, una catástrofe; ese es su modo de actuar. Y en
muchas ocasiones, cuando en los grupos terapéuticos se habla del famoso “ego”
que nos domina y que “está totalmente demente”, según el Curso de Milagros,
muchas veces se está hablando de una dimensión de nuestro ser que es el famoso
“niño interior”; ese niño interior que continúa llorando. Es a mí mismo, a quien debo
observar con responsabilidad; generando una nueva respuesta más hábil en mi
interior para manejar la vida en la filiación.
Ese socio está enojado conmigo, pero de alguna manera el
cincuenta por ciento de la responsabilidad es mía, aunque el niño interior
llamado ego venga a decirme que no, que soy totalmente inocente, que esa
persona es la peor de las personas posibles y que tengo todo el derecho a
resarcirme mediante algún tipo de ataque o venganza. Seguramente tengo muchas
cosas que agradecerle a ese socio, incluido este mal momento que ambos estamos
atravesando. Y si decidiera, aún en contra de la voluntad absolutista de mi ego,
sentarme a hacer un listado de las cosas que hemos hecho juntos, acabaría
dándome cuenta de que, en el contexto mayor de la totalidad de la vida, eso no es lo más importante que me ha sucedido pero me ha enseñado muchísimas
cosas significativas. Sobre los seres humanos y sobre mí mismo.
Pasé muchísimas horas de mi vida, mientras trabajaba,
escribiendo listados inacabables de tesoros que me habían regalado, a veces sin
saberlo, las personas con las que más enemistado me encontraba. Luchando contra
mis más enconados rencores, pude ver bajo una luz amistosa y agradable todos
los momentos de éxito, de cariño compartido que había vivido con cada una de
esas personas y como si el universo se confabulara para enviar una onda
mensajera, a veces me los encontraba en la calle, en el metro, en el tren
camino a Vallvidrera, en Barcelona y podía hablar con ellos en calma, a veces
para decirles sinceramente que lo que había sucedido era una puta mierda y una
indignidad pero que no guardaba ningún rencor y que decidía quedarme con lo
bueno de todo lo que había sucedido. Incluso me llamaban por teléfono personas
de Uruguay con las que no habíamos completado el circulo de nuestra relación en
una despedida definida y limpia, para sanar esas áreas de nuestras vidas.
Enconado en ver en un pariente todo el mal que de esa
persona procedía, inicié el tratamiento de verlo de otro modo y reconocer
cuánto dolor aún guardaba de aquella relación y de aquellas situaciones y me
pude ver a mí mismo recordando todo el período en el cual el cariño y el
respeto mutuo aún fluía a raudales. Y mi musculo pericardio se sintió
tremendamente aliviado. Mi corazón había roto un dique de contención por donde
comenzó a manar de nuevo cierta naturalidad para amar.
A veces incluso me llamaban por teléfono amigos y amigas
desde distintos puntos del planeta, donde ahora vivían, para cerrar algún ciclo
abierto y me encontraba en la mejor disposición para hacerlo; a veces, alguna
persona llamaba para reafirmarse en que tenía razón y en que todo había
sucedido tal y como ellas lo decían, pero eso no me afectaba; no tenía ganas de
discutir por la más lábil de las pretensiones en la filiación: la legitimidad
de mi interpretación.
Empecé a elegir qué sentimientos experimentar y si estos
estaban de acuerdo en cada momento con mis propósitos superiores, entonces
comenzó una acción imparable de descarte.
¿Esto colabora en la realización de mis propósitos superiores? ¿Esto no lo hace? Comenzaron entonces a alejarse de mi vida personas que me encontraban “raro”; pero a cambio comenzaron a acercarse a mi vida otras personas que sí tenían propósitos similares a los míos. Podía dolerme por las pérdidas y no ver los beneficios; como antes hacía en modo automático. Pero decidí celebrar una bienvenida a todo lo que llegaba y despedir con fluidez lo que se marchaba.
¿Esto colabora en la realización de mis propósitos superiores? ¿Esto no lo hace? Comenzaron entonces a alejarse de mi vida personas que me encontraban “raro”; pero a cambio comenzaron a acercarse a mi vida otras personas que sí tenían propósitos similares a los míos. Podía dolerme por las pérdidas y no ver los beneficios; como antes hacía en modo automático. Pero decidí celebrar una bienvenida a todo lo que llegaba y despedir con fluidez lo que se marchaba.
Empecé a buscar cómo era que aún continuaba logrando que
algo desagradable llegara a mi vida y mediante qué mecanismos yo mismo lo había
pedido. Descubrí el arte de hacer la “lista de la compra”. Esa lista que haces
antes de ir al supermercado y que te guía mientras estás dentro del
establecimiento, para llevar exactamente lo que habías ido a buscar y no
aquello que, ubicado estratégicamente, la empresa decidió que contra tu
voluntad debías llevarte. En la experiencia de la filiación sucede lo mismo: en
la cara “A” de la lista tengo escrito lo que realmente afirmo desear, pero la
cara “B”, que he decidido no mirar, me va a atraer, como un imán, todo aquello
que escandalizado afirmo no desear. A lo que te resistes, persiste.
“No te engañes por más tiempo pensando que eres impotente
ante lo que se te hace. Reconoce únicamente que estabas equivocado, y todos los
efectos de tus errores desaparecerán”. (UCM)
El milagro es una “rectificación” una corrección de tu
percepción, así lo define el mismo Curso de Milagros.
Esta rectificación es similar a la que se produce en una
constelación familiar; alguien se consideraba totalmente inocente de algo que
produciendo gran dolor se dio en su familia, pero en el sistema familiar igual
que en la filiación, todos somos uno, todos estamos hermanados y estamos para
colaborar en la sanación de los otros en comunidad. Yo no me sano solo, mis
hermanos se sanan conmigo. Esa persona que se considera inocente, que quiere a
toda costa ser inocente, se priva del mal en su vida, pero se priva también de
todas las bondades de la existencia. En la vida hay que mojarse, asumir incluso
un destino difícil, y un modo valiente es cambiar la percepción, una tarea que
es tan cotidiana, monótona y repetitiva, como todos los otros aprendizajes que
hemos realizado. Pero ese primer paso para realizar un cambio de alcances
imponderables, puede ser tan sencillo como afirmar, aquí y ahora, de todo
corazón, teniendo en mente todo aquello que aún te causa dolor:
“Soy responsable de
lo que veo”.
Héctor D’Alessandro
15 de marzo, Xalapa, Veracruz
Un Curso de Milagros.
Taller todos los jueves de 6 a 8 PM. En Xalapeños Ilustres
88
Escuela Internacional de Coaching de Xalapa
Col. Centro Xalapa. Contacta con nosotros al 2281 78 07 00 o
al 2281 82 88 84.
En el taller que realizamos todos los jueves, conectamos el
trabajo psicofísico con el Curso e Milagros a nuestra realidad inmediata y
cotidiana.
Puedes integrarte al curso en el momento que quieras.
viernes, 10 de marzo de 2017
Es imposible ver dos mundos. Un curso de Milagros.
(Comentario a la lección número 130 de Un Curso de
Milagros.)
¿Por qué es imposible ver dos mundos?
Porque disponemos de un equipo neurofisiológico que
determina que, a menos que te entrenas para pensar dentro del sistema taoísta o
hagas PNL u otra disciplina equivalente, tu sistema nervioso que, responde a
los reflejos que se han implantado en tu ego (tensión neuromuscular crónica,
según Alan Watts) sólo vas a ver una versión a la vez del mundo que te rodea,
interno y externo. ¿Cómo te has preparado? Para ver un mundo de oportunidades o
de bloqueos constantes, ambos son creaciones de tu aparato neurofisiológico,
tal y como está al día de hoy. El pensamiento (como conjunto de
representaciones que de modo automático tu cerebro crea para interpretar lo que
hay allí fuera en la experiencia externa y en la interna) piensa por ti antes
de que Tu mismo lo hagas. Podríamos decir que la percepción está de alguna
manera predeterminada. Estás preparado para ver en cada suceso del día una
fuente de felicidad o una fuente de disgusto. Esto también se va a dar de modo
automático. Desde tu ego (esa tensión neuromuscular crónica) no se va a dar una
ampliación del campo de la percepción a menos que te entrenes para ello, de ahí
que el Curso de Milagros te diga constantemente que tú no sabes nada acerca de
lo que realmente quieres, porque no estás equipado para saber qué es lo que
quieres. Si a algo te pareces es a un disco duro recién formateado y en el cual
has instalado unos pocos programas, que va responder en modo automático a todo
lo que se le presente con los programas de que dispone. No va a hacer nada que
a día de hoy no esté programado para hacer.
Por eso el mismo Curso de Milagros te dice que la verdadera
ley de causa y efecto tal y como opera en el mundo es que verás lo que desees
ver. Y esto se cumple en todos los ámbitos de la percepción humana. El
científico, cuando escoge su “objeto de estudio” se rige por una metodología
adoptada ex profeso por él, para indagar determinadas dimensiones de ese mismo
objeto y no puede en ningún caso exigirle al llamado objeto de estudio que le
entregue información que no esté comprendida dentro del marco interpretativo
desde el cual se la ha solicitado.
Tenemos un ejemplo clarísimo en la física, un ejemplo muy
manido. Cuando se analiza la naturaleza de la luz, se puede ver a esta como un conjunto
de corpúsculos, si se la observa con un aparato preparado para detectar y medir
distintos aspectos de esos corpúsculos, pero en ningún caso se la puede ver
como ondas con ese mismo aparato; del mismo modo, cuando se la considera bajo
la óptica de una aparato medidor de ondas, no se la puede ver en ningún caso
como conjunto de corpúsculos.
Si logras crear un aparato que te permita observar el
movimiento de la luz, bajo esas dos ópticas, habrás ampliado tu percepción. El
Curso de Milagros te invita a ampliar tu percepción, te invita a que le hagas
lugar al Espíritu Santo, a la visión no dicotómica a la que te has habituado en
la existencia terrestre. El caso es que tu aparato perceptivo te permite hacer
observaciones de mayor calado sin juzgar. En un viejo experimento, que gustaba
siempre de mencionar Umberto Eco, se comprueba que, al conducir un coche, estás
prestando atención, a la vez, a cuarenta y ocho variables, a cuarenta y ocho
aspectos de la realidad que son significativos cuando manejas un vehículo. Esto
quiere decir ni más ni menos que tenemos la capacidad de estar atentos a una
multiplicidad enorme de variables, a la vez.
Piensen un poco en las personas que están todo el día
ocupadas, sin llegar a estresarse, las personas que están en un estado creativo
haciendo algo que les apasiona. Están plenamente atentas a una múltiple
cantidad de datos, que en ocasiones crecen con el aprendizaje, y no pueden
perder tiempo en tonterías ni en nimiedades. Decimos de ellas que están
realizadas.
Que estén realizadas en el ámbito profesional no quiere
decir que sean felices en el contexto mayor: humano o espiritual, pero al estar
sometidas a un entrenamiento que les hace percibir cada vez más en el ámbito en
el que trabajan, ya tienen un punto ganado: saben concentrar su mente
descartando a la vez todo aquello que no los conduce por el camino que desean.
Por eso no pueden ver dos mundos a la vez. Eso puede ser un
infierno o un paraíso. Mientras estás enfocado con una percepción unilateral,
con un enfoque determinado, ninguna otra percepción, que le lleve la contraria
a ese modo, podrá entrar en el campo de la conciencia. Y si entra pero va a
distorsionar tu manera de ver actual, la vas a descartar por inútil o
perjudicial. Te desvía de tu interés principal. Este procedimiento, tan propio
del aparato psíquico humano, es muy útil, sobre todo si ya tienes suficiente
entrenamiento. Has aprendido a entrenarte en la visión unifocal para objetos
concretos. Lo que aquí aprendemos es a enfocar otra vez, desde la raíz, a no
dejarnos perturbar por modos de visión alternativos y a verlos todos a la vez
desde una visión nuevamente unificada. Pero, ahora, unificada en el Espíritu.
En el vértice superior de la pirámide de la experiencia humana; justamente
donde están situados los valores que nos guían día a día. Cuando percibes la
realidad desde ese punto, tampoco hay ocasión para ver dos mundos. Cuando
percibes desde el espacio neutral o vacío creativo o Espíritu Santo, no hay
espacio para que entre allí la visión que tu particular tensión neuromuscular
crónica han configurado para que siempre estés asomada al mismo agujerito
pequeño de la pequeña ventana desde la cual habías decidido (por un olvido
propio de la existencia humana) mirar la vastedad de la vida y el Universo.
Héctor D’Alessandro 2017
Un Curso de
Milagros. Taller todos los jueves de 6 a 8 PM en Xalapeños Ilustres 88
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En el taller que brindamos todos los jueves, procuramos conectar el trabajo psicofísico con el Curso de Milagros, con nuestra realidad inmediata y cotidiana.
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jueves, 2 de marzo de 2017
La guerra de Irak y Un Curso de Milagros. Héctor D'Alessandro
La guerra de Irak y Un Curso de Milagros
“Acepta el temor y que
el entrenamiento te guíe”.
Ang Lee: “Billy Lynn’s”
En la excepcional película del director Ang Lee (“El tigre y
el dragón”, “Brokeback Mountain”, entre otras) el soldado Billy Lynn que da
título al film, en momentos previos a realizar un ataque que será definitivo
para el comandante a cargo de su escuadrón, recibe, junto a sus compañeros, y a
manera de consigna, la frase: “acepta el temor y que el entrenamiento los guíe”.
Esta sola idea, tan poderosa en sí misma si se hace vivencia
en la persona, es la clave del éxito en el trabajo espiritual y en cualquier
tipo de entrenamiento profesional, pero por sobre todo en el aprendizaje
dinámico.
En el año 1994,
comencé un trabajo personal basado en enseñanzas alquímicas donde se te
indicaba “si no crees en esto, no importa, simplemente suspende tu juicio
adverso durante cuarenta y dos días y ponlo en práctica, luego tú puedes
decidir con una base en la experiencia”. Recuerdo que al leer aquella simple
frase, un mundo entero se abrió ante mí. Mi personalidad se caracterizaba por
una amplitud de expectativas y una aceptación básica de que muchas cosas que
parecen imposibles pueden ser perfectamente posibles y realizables.
No conocía aún los avatares en los que puede sumergirte el
conjunto de creencias inconscientes negativas y el carácter inercial de ciertos
patrones de actitud y de comportamiento. Aún tendría que batallar, en el
futuro, con bastantes de esos dragones o demonios interiores, y por suerte
emprendí ese camino, con herramientas a mi disposición que, por su precisión y
debido a los sofisticado de su acción, cada vez me hacían más fluido y
placentero el sendero a recorrer.
A partir de aquel momento adopté como consigna que jamás me
opondría en principio a nada, que me mantendría, en la medida que sintiera que
la confianza me acompañaba, en una actitud básica de disponibilidad para la
experimentación.
Quería sentirme a mí mismo en profundidad, quería estar
presente en cada interacción cotidiana, quería, en definitiva, poder estar
cómodo en la vida delante de mis semejantes, sin miedo a ser yo mismo, como lo
veía en muchas personas que empezaba a conocer.
Personas conectadas; conectadas consigo mismas de un modo
radical.
Pronto comprendí que el trabajo interior de desarrollo
personal tiene un carácter eminentemente de entrenamiento, de entrenamiento
consciente.
Comprendí rápidamente que hasta ese momento yo era un
conjunto de creencias, la mayor parte de las cuales jamás habían sido
cuestionadas y que además muchas de ellas se manifestaban en mis resultados
vitales aparentemente sin que yo pudiera hacer nada en contrario. La
comprensión meramente intelectual no me solucionaba nada. Todo aquel amasijo de
pensamientos que inducían actitudes, comportamientos, estados emocionales y resultados
que parecían venir de fuera sin que yo tuviera nada que ver en ello pero que me
afectaban negativamente, empezó a caer, no sin cierto estrépito.
Cuando estaba más encabronado en contra de lo que me pasaba
a pesar de lo bien que yo trabajaba por mi evolución personal, “me rendía”. “Rendirse”
en la formación de “rebirthing” (una técnica poderosa de cambio personal a
través de la respiración y el cambio del pensamiento) consiste en que cuando
estás “indomable” y no te aguantas más porque ves que vas a volver a cometer el
mismo error de siempre y no lo puedes evitar, como si fuera un comportamiento o
un ciclo compulsivo (y lo es) simplemente te acuestas con los brazos extendidos
en cruz boca abajo y no te levantas de allí hasta que “te hayas rendido”:
Esta práctica, del esoterismo católico, la llevan adelante
los cardenales y el mismo Papa, previo a una decisión difícil o como ellos
dicen en su jerga “cuando el demonio se hace presente”; el demonio es o está en
la mente, es una dimensión interna, no externa, de la función del sistema
nervioso llamada mente.
La de pensamientos y emociones, sensaciones desagradables y
agradables, impulsos (estos son los más peligrosos, porque la mente del ego te
dice enseguida que ya está, que ya solucionaste y produce una fantasmagoría de
rendición que no es verdadera, solo una fantasía de la voluntad del ego; estás
acostado boca abajo y de pronto crees tenerlo todo claro y que ya estás poco
menos que iluminado y cuando quieres acordar, ya te levantaste y estás
cocinando o yendo al cine o llamando por teléfono a alguien; al ego le produce
terror entrar en tu propio interior). Esta rendición nada tiene que ver con la
cantidad de tiempo que permanezcas acostado; depende de ciertas señales en el
sistema nervioso a nivel de sensaciones, pensamientos y emociones que indican
el final del ejercicio. Se puede calibrar con bastante exactitud el momento en
que rendido ya puedes volver a la vida cotidiana.
Recuerdo particularmente cierta ocasión en que no pudiendo
resolver un asunto económico, me tumbé a rendirme, había incluso llorado de
impotencia y rabia, sintiéndome a la vez un necio, claro, para poder castigarme
a mí mismo justamente por necio (las artimañas de la mente). Y cuando llevaba
un tiempo que no podría calcular, pero que no fue más de una hora, sonó el
teléfono; era una antigua socia con quien teníamos una empresa y que nos habíamos
separado con cierta tensión, ninguno le había dicho al otro sobre como acordar
la separación legal; pero ahora me llamaba para proponerme un trato económico para
abrirnos y la cantidad de dinero que me ofrecía por mis acciones era el doble
de la cantidad que yo, en aquel momento en que me había olvidado de mí mismo y
de mis capacidades y había preferido abandonarme al dolor, necesitaba. Pueden
imaginarse que a partir de aquel día me tomé el ejercicio de la rendición con
mucho mayor ahínco, así fue. Y luego, con el paso de los años vendrían nuevas y
más eficaces prácticas para el cambio perceptivo y emocional, conductual y de
actitud.
Con cada una de las nuevas técnicas volvió a suceder lo que
desde siempre el yo más íntimo ya conoce, aunque se obstina en olvidar. Y es
algo tan sencillo como que si te entrenas a cierto nivel de constancia, cuando
el ejercicio en el que te entrenas pasa a ser parte de ti y actúa en cierto
modo en tu lugar, guiando todos tus pasos sin que tengas que intervenir con
toda la murga de malestar, creencias negativas y errores de percepción propios
de la mente consciente en la que estamos inmersos nadando en un mar de
confusión. El soldado que dispara sin pensar y da en el blanco es beneficiado
por el entrenamiento durante miles de horas en la práctica consciente y nada
tiene que hacer sino fluir. (“Zen y el arte del tiro con arco” constituye una
obra magnifica sobre el desapego acerca del resultado en que consiste la mente ecuánime;
cuando está libre del deseo de acertar, el arquero da en el blanco.)
Al conducir un coche hacemos esto cada día, hay maniobras
que la podrías hacer con los ojos cerrados porque se han automatizado a tal
grado que no hay que pensar.
Cuando nos involucramos en el compromiso de seguir el Curso
de Milagros paso a paso, nos estamos entrenando.
Rafael Lefort menciona en uno de sus libros sobre el
cristianismo primitivo, que en la biblia aparece cierta palabra aramea
traducida como “misericordiosos” (“Bienaventurados los misericordiosos porque
de ellos será el reino de los cielos”) y que esto constituye un craso error,
que la traducción, con mayor exactitud sería “los bien entrenados”. ¿Quiénes
son los bien entrenados? Son aquellos que han aprendido a manejar su propia
mente y evitar que esta autónomamente los conduzca de modo involuntario al
cielo o al infierno. Son aquellos que pueden conducir de nuevo a casa al buey
del que habla el budismo zen. Son aquellos que pueden permanecer en la
ecuanimidad aunque las sensaciones agradables resulten muy tentadoras o aunque
las sensaciones desagradables que se producen en el cuerpo sean incluso más
tentadoras y justificables. Después de todo, son “negativas” y a mí no se me
puede acusar de provocarlas conscientemente.
Son, en términos de un Curso de Milagros aquellos maestros
espirituales que pueden volver a pensar “con” Dios.
Pero, quienes están entrenados saben que deben atravesar sombrías
selvas oscuras para comenzar la ascensión hacia la luz. Y la manera de
atravesar esa oscuridad es mirar a consciencia esas sombras, en esto consiste
el trabajo neurofisiológico de las constelaciones familiares; darles su lugar a
esas sombras dolorosas que están actuando sobre nuestros resultados de un modo
no deseado. Si no le doy su lugar a mis miedos cuando voy a pasar por una
prueba difícil, si no le doy su lugar a la envidia que me corroe cuando compito
en esta existencia de lucha, si no le doy su lugar a la rabia que me envenena
el día cada vez que alguien me lleva la contraria, si no le doy su lugar a todas
esas fantasías por las cuales yo tengo la creencia demencial de que estoy en lo
cierto y los demás están en el error, sigo en el mismo lugar: me creo inocente
y me privo de las malas experiencias, pero también de las buenas. Eso les pasa
a los “inocentes”. Aún creen que deben perdonar, porque han olvidado que no
había nada que pudiera ser perdonado en el mundo del Espíritu.
Héctor D’Alessandro 2017
Un Curso de Milagros.
Taller todos los jueves de 6 a 8 PM en Xalapeños Ilustres 88
Col. Centro Xalapa. Contacta con nosotros al 2281 78 07 00 o al
2281 82 88 84.
En el taller que brindamos todos los jueves, procuramos conectar
el trabajo psicofísico con el Curso de Milagros, con nuestra realidad inmediata
y cotidiana.
Puedes integrarte al curso en el momento en que quieras.
lunes, 27 de febrero de 2017
La esposa del ex gobernador y Un Curso de Milagros
(Dos noticias buenas.)
Primera noticia buena.
Se comprueba, una vez más, que sólo por pensar en positivo,
incluso si lo repites diez, veinte o setenta veces por día, tal y como
recomienda Jesucristo para el perdón: repetir “setenta veces siete”, no
alcanza.
En estas columnas de afirmaciones encontradas a la esposa
del ex gobernador de Veracruz falta algo; y lo que falta es la columna de respuestas. Es
decir: todo aquello que, por el solo hecho de afirmar algo positivo acerca de
uno mismo, va, necesariamente a surgir.
Si te pones a trabajar en ti mismo, afirman grandes,
maestros, si te pones a grabar luz en tu disco duro, va a emerger,
necesariamente, oscuridad.
Si no le das lugar a toda la oscuridad que surja; ya sea
dejándola escrita en el papel, o dándole un lugar (incluyéndolo) en el espacio
durante una constelación familiar, esa oscuridad, que está fuertemente grabada
en el inconsciente, va a emerger.
Un gran maestro español, solía decir: “tengan cuidado si
trabajan con la Luz, porque saca la oscuridad”.
Por eso el Curso de Milagros, cuando el trabajo con afirmaciones
te produce demasiada ansiedad, inquietud, molestia, agitación, sentimientos
negativos como la rabia, la preocupación o bien una sensación de que se avecina
la depresión, te sugiere que te detengas.
Lo que eso significa es que el oscuro saco lleno de gatos
enrabietados, en que consiste la mente del ego, se ha puesto a sacudirse porque
tú le has introducido algo tan luminoso como una afirmación positiva.
Lo importante no es pensar positivo, ni tampoco sustituir
cada pensamiento negativo por uno positivo, sino adquirir, mediante el
entrenamiento, la capacidad de cambiar tu pensamiento y tu estado interno.
Cambiarlo en el momento mismo en que surge.
“Puedes comenzar tu día en el momento en que quieras”.
La propia Helen Schucman, canalizadora de la totalidad del
Curso de Milagros, falleció afirmando hasta el último día de su vida, que no
creía en el Curso de Milagros. Eso no hace a su destino mejor ni peor que el de
otras personas. Esa preferencia por un destino a cambio de otro, no es más que
otro juicio del ego, del cual el propio Curso afirma que está “demente”.
Diversos modos de trabajar con el propio interior
inconsciente nos permiten tocar, aunque sea superficialmente, esa bolsa de
gatos llenos de rabia en que consiste el depósito de pensamientos inconscientes
de nuestro ego. Todos son buenos para alguna persona; no los hay mejores. Como
el curso de milagros tiene el propósito expreso de despertar al Maestro
Interno, recomienda no trabajar más de cinco o seis minutos al día, en varias
de las prácticas o ejercicios. A esto yo le llamo prudencia, y está bien porque
muchas personas van a hacerlo a solas en su casa.
Cuando se trabaja con afirmaciones, como en el caso de Karime Macias, la
esposa del ex gobernador, muchas personas piensan que por el solo hecho de afirmar
algo, esto se va a grabar firmemente y tenderá a cumplirse, eso no es verdad.
Eso es una mentira producto de la falta de experiencia comprobada.
Lo voy a explicar invirtiendo el modo de pensar habitual; por el absurdo, como suele decirse en matemáticas. Demostrar algo por el
absurdo, en matemáticas, quiere decir que no pudiendo demostrarse algo de modo
directo y positivo, se recurre a demostrarlo que si algo no fuera verdadero se
produciría una serie de contradicciones en toda la secuencia de pensamientos
que desbarataría incluso afirmaciones sólidamente demostradas.
Voy a poner ejemplos, vamos a suponer que la presencia de
las puertas en los hogares entrara en cuestión y alguien afirmara que se han
inventado por estética y no por un afán práctico de protegerse de las
alteraciones externas de la temperatura. Para demostrarlo por el absurdo,
podría inventarme un experimento en el cual se fabricarían puertas de papel o
de algún tipo de seda o algodón que resultaran extremadamente bonitas, tanto
que en todas las casas desearan comprarlas para instalarlas en una zona por
ejemplo de bajas temperaturas.
El origen de la creación de las puertas quedaría demostrado
de inmediato, alcanzaría una hora con ese tipo de puertas instaladas para que
cualquiera pudiera experimentar en su propio cuerpo el carácter de verdad de la
afirmación que dice que las puertas se inventaron para protegerse de las
temperaturas extremas.
Este ejemplo experimental es del tipo de demostrar algo por
el absurdo.
En términos teóricos y muy generales, consiste en afirmar
algo que a todas luces no es verdadero como cierto y comprobar las alteraciones
que produce en la totalidad del sistema de pensamiento.
Un ejemplo más sería el de afirmar que la gravedad no
existe, a partir de ese momento, toda una serie de fenómenos explicables, pasan
a ser inexplicables.
Bien, pasemos a la práctica habitual, entre muchas personas,
de usar, por escrito u oralmente, las afirmaciones positivas. Entendiendo por
positivas el que se desea que sean verdaderas tal y como se las formula, no el
que posean algún tipo de brillo o luz divina en su aureola. Siguiendo el
ejemplo de la esposa del ex gobernador, ella no afirma algo en negativo. No
dice por ejemplo “no quiero ser una persona que no merece abundancia”, sino que
formula “en positivo” su aseveración, diciendo “sí merezco abundancia”. Con que
solo escribiera “Merezco abundancia”, ya sería un pensamiento clasificado como
positivo.
Por motivos en los que aquí por ahora, no nos vamos a extender, también
podría haber afirmado “no merezco abundancia” y, aunque fuera por intrincados
caminos, habría llegado a resultados en su existencia similares; quizás incluso
habría llegado a mejores resultados.
Veámoslo en la práctica.
Cuando alguien afirma algo de ese tenor; “Yo merezco abundancia”
(que sería más acertado que el modo impersonal en que lo hizo la señora del ex
gobernador), en el cerebro, órgano inevitable en todo este proceso, se producen
un conjunto de imágenes sonidos y sensaciones que se diseminan, bajo la forma de sustancias, por el cuerpo y
que inducen un acarreo de enzimas, que acaban produciendo
un estado en el cuerpo y en la mente que podemos llamar “positivo” en el
sentido de benéfico, agradable, bienestar, estado óptimo, excelente, etc. Podemos
pensar incluso que acuden a su mente toda una serie de imágenes agradables en
las cuales se ve a sí misma nadando literalmente en dinero dentro de una
piscina, etc. Esto viene a resultar en una suerte de baño bioquímico del
cuerpo y necesariamente del sistema nervioso que, renovado con frecuencia,
producirá un encauzamiento del pensamiento y de la conducta hacia la obtención
de esos objetivos deseados.
Ahora bien, cuando el trabajo está orientado correctamente,
según el modo real de funcionamiento del espíritu, debe otorgársele su lugar
dentro del sistema.
Y vamos a demostrar esto con un ejemplo que es análogo a una
demostración por el absurdo.
Si la persona afirma, en lugar de “Yo merezco abundancia”, “Yo no merezco abundancia”, empiezan a suceder
cosas realmente interesantes.
Para empezar, sólo con pensarlo, seguro que la persona tiene
toda una serie de pensamientos de miedo ante la formulación de ese pensamiento,
y de rechazo ante la sola idea de imaginarse a sí misma haciéndolo.
Esa es una reacción inconsciente resultado del aprendizaje
que la persona ya realizó en su vida a nivel inconsciente. Hay elementos en la
vida que son positivos o deseables por sí mismos y hay otros que no son
deseables y que deben rechazarse. Esta es la famosa “dualidad” de la mente de
la que habla el budismo y el zen, dos modos de trabajo con la propia
neurofisiología de alta eficacia, y que se parecen muchísimo al modo de trabajo
con el Curso de Milagros.
Cuando uno se hace practicante del budismo, lo que busca es
un estado, el estado llamado de “budeidad” de la mente; en ese estado se
observan con precisión las sensaciones agradables que constantemente está
produciendo el sistema nervioso en el marco de nuestro cuerpo y se observan con
idéntica precisión las sensaciones desagradables que de un modo igualmente
constante está produciendo el sistema nervioso en el marco de nuestro cuerpo.
La clave en este trabajo de decenas y decenas de horas sentado meditando
durante días consiste en que conduzcamos a la mente a un estado de
“ecuanimidad”, desde el cual poder observar en el mismo inalterable estado la
producción de sensaciones desagradables y agradables en nuestro cuerpo mente, y
mantener el “desapego”. (Invito a las personas que lean este artículo a que
concurran a realizar una meditación Vipassana durante diez o durante cuarenta y
dos días y experimentarán este modo de la iluminación en el marco del propio
cuerpo.) La auto-observación propia del budismo consiste en que te vuelvas
auto-consciente del modo en que se inicia, aparentemente sin que tengas control
sobre ello, un movimiento de tu ser interior en la dirección de un aumento de
una sensación desagradable, como puede serlo un estado de ira, y puedas
manejarlo en origen. Lo mismo vale para el inicio de una oleada de sensaciones
sumamente agradables, de las cuales también te puedes volver adicto y tratar de
vivir siempre allí, cuando en realidad, el único estado permanente en tu propio
interior (que es lo que realmente puedes manejar) es el de la impermanencia de
todos los estados (tal como surgen desaparecen, y vuelven a surgir, para luego
volver a ser sustituidos por otros estados). La ecuanimidad en la impermanencia
se parece al surf, con el cual ha sido comparado repetidas veces por quienes
han tenido la experiencia. Y aquí hay que destacar que todos en algún momento
accedemos a ese estado, lo que sucede es que no hemos sido entrenados para
afianzarnos en él, nos entonces práctica.
El curso de milagros te ofrece la posibilidad de afianzarte mediante la práctica, trabajando
desde la mente consciente para ir entrando poco a poco en zonas cada vez más
profundas.
Volvamos a la afirmación negativa de la que hablábamos
anteriormente para comprender cómo funciona el Curso de Milagros y cómo funciona
en general el trabajo con el pensamiento.
Supongamos que una persona supera todos sus miedos supersticiosos
ante el hecho de afirmar: “Yo no merezco abundancia”. Sería todo un logro, en
términos del Curso de Milagros, constituiría un avance sustancial. Sería darse
cuenta de que sus pensamientos no lo van a atacar. Que no debe tenerle miedo a
sus propios pensamientos. No son entidades separadas de él mismo, han sido
creados por la persona con todo el poder creador de que dispone desde el
momento en que nació. A ese poder creador es al que llamamos Dios en Occidente
y en el Curso de Milagros. Es el vacío creador del zen y del taoísmo, es el tao
del cual surge todo y muta de formas al alejarse de sí mismo.
Bien, la persona entonces afirma “Yo no merezco amor”. ¿Qué
sucede a continuación? Se manifiestan en su cuerpo toda una serie de
sensaciones desagradables que hasta ese momento la persona no sabía que estaban
imbricadas fuertemente con su ego y que se manifiestan en el marco de su cuerpo
y de su imaginación. Puede que vea en su mente toda una serie de imágenes de
derrota y de fracaso y de miseria. Puede que se vea a sí misma abandonada de la
mano de Dios y totalmente carente de amor y del acompañamiento de otras
personas que lo amen y lo apoyen. Un drama. Un drama de los que habitualmente
“Ego Producciones” facilita a la mínima oportunidad.
Supongamos ahora que esa persona no tiene a su lado ningún
facilitador que lo asesore sobre cómo trabajar con esas imágenes de ataque que
han surgido de su propia mente; ¿qué puede pasar y de hecho qué es lo que pasa
habitualmente?
Lo que viene a sustituir el estado miserable en el que la
persona entra, es un conjunto de imágenes sustitutas y luego un conjunto de
sensaciones sustitutas, todas de signo contrario. Ha generado unos antídotos.
Puede incluso que se hable a sí misma recordando todas las veces en que su comportamiento
y su actitud y su estado interno le dijeron claramente que sí merece amor.
Esto es lo que pasaría si la persona librada a sus propios
recursos hace este ejercicio.
Se hace fuerte volviéndose vulnerable, por un rato o por
unos días, frente a todo aquel material escondido que hasta ahora no había sido
mirado ni se le había dado un lugar dentro del manejo habitual de la
conciencia.
Entre otras cosas, la conclusión de este simple ejercicio,
lo que nos dice es que habitualmente vivimos “en positivo”, es decir que
vivimos dando vuelta la cara a lo que nos desagrada e intentando mantenernos
firmes ante el fuerte oleaje de la negatividad interior creyendo que estamos o
somos “positivos”.
El problema es que todo ese material oscuro pide
constantemente un lugar en la vida de nuestra conciencia y en nuestro cuerpo. Y
si no hacemos algo, lo va a obtener. Lo va a obtener como resultados; como le
sucedió a la misma Louise Hay antes de su despertar definitivo. La persona se
pone “en positivo” y sin embargo le suceden cosas malas, en el caso de Louise
Hay fue un tumor en la matriz lo que la hizo despertar. Ella era instructora de
la Iglesia de la Ciencia Cristiana en pensamiento positivo desde hacía muchos
años cuando le sobrevino la patología. Había estado mirando para otro sitio,
había intentado “ser positiva”. Sólo lo había intentado. La mayor parte de las
personas no necesitan de aprendizajes tan duros para despertar y decidirse a
manejar su mente y sus emociones y acceder así a un momento santo, un momento
con propósito. Así le sucedió a la esposa del ex gobernador.
Para evitarse estos efectos indeseados, en el Curso de Milagros se utiliza un
ejercicio muy bueno que es el de imaginar las consecuencias ultimas de nuestras
predicciones (incluso las evaluadas por la mente del ego como negativas) para
nosotros mismos. Y darse cuenta de que todo eso es absurdo y no es real. Así
nos entrenamos para afrontar el conjunto de pensamientos con los que solemos
asustarnos a nosotros mismos en la soledad y también a lo largo del día durante
la actividad en compañía. Por eso en el Curso de Milagros se afirma que “puedo
ver esto de otra manera”. Pero para verlo de otra manera, primero tengo que
verlo tal y como lo he creado, de un modo demente. No puedo sanar algo que no
estoy viendo, no puedo manejar algo que no veo.
La clave sobre en qué nivel estás trabajando te la van a dar
tus resultados.
Los resultados del ego te dejan insatisfecho. La señora del
gobernador estaba insatisfecha consigo misma de algún modo en el momento en que
escribía esas afirmaciones; como mínimo podemos suponer que no se sentía merecedora
de la abundancia. Parte de un vacío, de una carencia, de una falta, pero ese aparente vacío está lleno con algo, porque la potencia creadora de la mente que poseemos los
humanos, que está identificada con Dios, si nos mantenemos hablando en estos
términos, es inagotable. Si no tomamos el mando viendo con ecuanimidad, es
decir, en términos del curso de Milagros “despertando al Maestro interno”, el
ego lo va a tomar, porque esa es su naturaleza inercial. Si no hacemos algo, él
lo hará por nosotros; basado en el automatismo de su propia naturaleza. Va a
rellenar la experiencia con algo y ese algo son los pensamientos de carencia; y
estos se van a expresar en nuestra vida a modo de resultados.
En la vida del Espíritu no existe un infierno pequeño, no
hay infiernos mejores que otros. Yo no soy mejor porque no soy la esposa del ex
gobernador. Yo estoy haciendo lo mismo que ella, tratando de manejar mi mente
lo mejor que puedo y contando para ello con un instrumento muy poderoso: la
mente del ego. Con la diferencia de que puedo contar con herramientas más
sutiles a mi disposición, herramientas que no tuvo esa señora en el momento en
que escribía esas afirmaciones. Lo que veo ahí fuera es lo mismo que está
pasando en mi propio interior. Los que se burlan de la señora, lo único que
están haciendo es mostrar su desconocimiento sobre cómo funciona la mente
humana, divina si se quiere, animal si no se la instruye. Los maestros zen
llaman a la doma de la mente humana “la doma del buey”, haciendo una analogía
con esa actividad, mostrando asimismo su carácter rutinario, existencial y
continuo. El paraíso también está aquí, solo hay que trabajar para entrar en
él. Y continuar trabajando para seguir en él.
Si solo afirmo aquello que deseo, y no miro todo aquello de lo que no
soy consciente y que surge a mi pesar, estoy creando una doble resistencia
ante el resurgimiento de mi parte oscura. Una capa de pintura encima de una
pared mal preparada para ser pintada, la humedad va a reaparecer.
La manera de ver finalmente todo aquello que no veo se da mediante
un entrenamiento, a esto nos invita el Curso de Milagros. Y entrenarse en unos
términos muy concretos: ver lo que hasta ahora no podía ver. Darle un lugar.
Darme cuenta de que aquello que al parecer veía, tampoco lo estoy viendo, solo
es el resultado de un entrenamiento en una sola dirección, es un recuerdo. Y
cobrar conciencia psicofísica de que dejar de ver del modo habitual (demente)
es la posibilidad de acceder a la visión libre de dualidades.
Afirmar mecánicamente sin un trabajo suplementario de
indagación, es solo repetir, pero sin remover previamente el material que ya
estaba bien grabado y programado en la mente de mi ego.
Por este motivo el Libro de Ejercicios del Curso de
Milagros, de un modo progresivo, te conduce a dominar las reacciones de la mente
del ego frente a tus propios pensamientos.
Que la señora Karime Macias haya hecho uso de un
procedimiento para alterar la dirección de sus pensamientos, es altamente
alentador, a todos los niveles. Los seres humanos, constantemente, estamos
trabajando para salir del infierno que continuamente creamos. Los ricos y
poderosos también quieren acceder a esa conexión consigo mismo que implica
estar conectado al mismo tiempo con el Ser Esencial; no nos liberamos solos. Y
sus resultados son altamente instructivos, nos redirigen para que cada día
afinemos la puntería en el trabajo con esa sofisticada herramienta que no siendo totalmente del Espíritu nos permite
conectar con el Espíritu, y que es la mente.
Segunda noticia buena.
Esta es la buena noticia para los facilitadores de cualquier
herramienta de trabajo en el desarrollo humano; sobre todo para aquellos que aún
excluyen a algunos sectores de la población y que pueden pensar que una persona
que es miembro de la élite no tiene por qué tener un interés espiritual. Esta noticia demuestra, al revelarse, que todos, en cualquier nivel social, están
interesados en crecer. Y sobre todo que los facilitadores, a poco que se
esfuercen, verán cuanta gente realmente poderosa y próspera, está igualmente
interesada en trabajar en su propio desarrollo personal.
Héctor D’Alessandro 2017
Un Curso de Milagros. Taller todos los jueves de 6 a 8 PM en
Xalapeños Ilustres 88
Col. Centro Xalapa. Contacta con nosotros al 2281 78 07 00 o
al 2281 82 88 84.
En el taller que brindamos todos los jueves, procuramos conectar el trabajo psicofísico con el Curso de Milagros, con nuestra realidad inmediata y cotidiana.
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miércoles, 22 de febrero de 2017
sábado, 4 de febrero de 2017
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